Mostrando entradas con la etiqueta campos de concentración en Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta campos de concentración en Francia. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de septiembre de 2009

Los campos de concentración en Francia


Tras la caída de Barcelona, el fin de la guerra y la derrota de los republicanos es ya un hecho. Empieza entonces la huida de más de 400.000 españoles, de los cuales 270.000 son soldados, que cruzan los Pirineos por miedo a las represalias del régimen franquista con la esperanza de encontrar asilo y paz, en el primer gran éxodo de una población en el siglo XX. La frontera se abre el 27 de enero del 39, familias enteras cruzan andando los Pirineos en condiciones extremas de frío y de hambre además de las derivadas directamente del conflicto.


Fuente: La Retirada

El Gobierno francés del socialista Daladier se ve pronto desbordado por aquel flujo humano (esperaban la llegada de 5 a 6.000 refugiados) y como desconfía de estos “rojos e indeseables” (los comunistas provocan un enorme recelo), decide reagruparlos en campos “de concentración” (término que en ese momento no tenía las connotaciones que pronto adquiriría y que según parece, fue acuñado por los propios refugiados españoles) como el de Gurs en Rivesaltes, el de Argelès o el de Agde. En muchos casos, separan a los hombres de las mujeres, los niños y los ancianos.

Años más tarde, Francia intentaría justificar esta acción, alegando que los campos no eran cárceles ni estaban cerrados (cosa que no es cierta; los refugiados, entre ellos mujeres, ancianos y niños, son tratados como presos peligrosos y “custodiados” por gendarmes ysoldados franceses). Sin embargo, este episodio que muchos calificarían de xenófobo jamás fue olvidado por los españoles que pronto sufrirían las peores consecuencias imaginables de una acción que tanto ayudaría al Gobierno de Vichy en su labor colaboracionista.



Fuente: La Retirada

Cercados por alambradas de espino, con separación de sexos, y por lo tanto, de las familias, con vigilancia militar ejercida con desprecio y brutalidad. Sin agua, sin condiciones higiénicas, sin asistencia sanitaria, sin alojamientos. No pocos morirían en esos campos.

El desengaño de los refugiados españoles fue tan fuerte que quedaría grabado en sus almas. Todavía hoy, tantos años después, algún superviviente de aquellos padecimientos se desahoga y expresa, incluso de manera brutal, sentimientos vindicativos provocados por la inesperada acogida de las autoridades francesas cuando, precisamente, más necesitados estaban de ayuda y solidaridad.”

(Fuente: FELIX SANTOS, Españoles en la liberación de Francia 1939-1945)


En “Mauthausen 90.009”, Enmanuel Camacho y Ana Torregrosa relatan en primera persona la dramática experiencia vivida por Antonio Muñoz Zamora, un almeriense que estuvo en el campo de Mauthausen. Su testimonio da buena cuenta del trato infligido a los españoles en el campo de Argelès y las condiciones de vida extrema a los que fueron sometidos los refugiados. Hambre, frío, falta de higiene o de agua potable, falta de humanidad o de un trato decente, y la humillación de verse encerrados como delincuentes, ese fue el recibimiento que tuvieron que padecer estos españoles al cruzar los Pirineos.